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A continuación varios artículos sobre la    Conciencia:

su formación y educaciónpreguntas y respuestas, la conciencia moral"Escuchen hoy la Voz ..."


LA FORMACIÓN DE LA CONCIENCIA ...

Tomado de:    http://www.aciprensa.com/Familia/concmoral.htm

Por el Prof. Eduardo Cattaneo

No es posible dar a nuestros hijos una educación adecuada, si no pensamos en darles los elementos para auto-conducirse en libertad, y un elemento muy importante en este sentido es la formación de la conciencia moral.

El primer principio moral se encuentra escrito en el ser de los niños desde el primer momento de su existencia. Este principio, que los antiguos llamaban sindéresis, es el que indica: "hacer el bien y evitar el mal".

Muchos otros principios morales, derivados cercanos de la sindéresis, pueden deducirse de la simple observación del orden natural. Sin embargo no todos los hombres adhieren al bien en todos sus aspectos, y aún quienes hemos sido formados en el bien solemos cometer muchas faltas de las cuales luego nos arrepentimos. Esto prueba que si bien la moral forma parte de nuestra vida natural, es preciso formar a los niños y jóvenes para que más fácilmente adhieran al bien y rechacen el mal.

Los padres deben saber que, mientras sus hijos no desarrollen esa conciencia, deberán suplir ellos mismos esa falta de desarrollo. de la misma manera que le procuran los alimentos porque los niños no pueden hacerlo por ellos mismos. Las fallas que los padres cometan durante este período de formación, serán las fallas en los mecanismos de la conciencia de sus hijos.

Cuando papá o mamá emiten juicios de valor, los niños suelen adueñarse de ellos. de esta manera, resaltando las acciones buenas y sancionando las malas, estará colaborando a la formación de la conciencia. Es muy importante el ejemplo, como nos decía Verónica unos números atrás: "los chicos no nos escuchan, pero si nos ven".. Es por esto que no debemos tanto dar lecciones de moral cuanto aprovechar cada oportunidad de la vida diaria para formar juicios rectos.

Los niños pequeños tienen la tendencia a juzgar la moralidad de las acciones por su forma exterior, por lo cual es importante acostumbrarlos a tratar de acercarse a las intenciones, ya que de ellas mas de forma exterior depende la moralidad de un acto. Si ha cometido una torpeza fruto de la cual ha roto un juguete de su hermano, no debe juzgarse de igual manera que si lo ha roto para vengarse por un disgusto que el hermano le ha producido.

Es necesario despertar en los hijos la responsabilidad por sus actos, por lo cual es conveniente que las sanciones sean en orden a reparar el daño producido por la falta.

Por ejemplo: deberá reponer a su hermano el juguete que ha roto en forma intencional. Una buena idea es acostumbrarlos a hacer un "examen de conciencia" por las noches antes de dormir, de manera que aprenda a reconocer sus faltas y hacer el propósito de no cometerlas en adelante. Para esto, sobre todo al principio, será necesario ayudarle a realizar este examen. En los niños mayores y adolescentes será importantes ayudarlos a formarse un ideal, una consigna para encaminar sus acciones.

Poco a poco, hay que comenzar a darles independencia en las decisiones, sin que esto signifique que no podamos sugerirle lo que haríamos nosotros en su lugar.

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LA CONCIENCIA Y LA LEY DE DIOS
 
Según las enseñanzas del Papa J. Pablo II y los documentos del Vaticano II
(Ver también: Examen de conciencia y la Encíclica "Fe y Razón")

Tomado de:  http://www.corazones.org/moral/conciencia_yley.htm

Editado por Madre Adela Galindo, fundadora SCTJM

"Si hay alguna verdad que la conciencia trae a casa es esta: que somos personalmente responsables por lo que hacemos, que no tenemos ningún medio para mudar nuestra responsabilidad, y que de abandono del deber implica castigo" --Cardenal Newman

WB01441_.gif (243 bytes) 1. ¿Cómo podemos saber cual es el plan de Dios para nosotros?
"Muy profundamente dentro de su conciencia el hombre descubre una ley que el no se ha impuesto a si mismo, pero que necesita obedecer. Su voz, que siempre lo llama al amor y a hacer lo que es bueno y evitar el mal, le dice por dentro en el momento preciso: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene en su corazón una ley escrita por Dios. Su dignidad yace en observar esta ley, y por ella será juzgado"
(Constitución Pastoral sobre la Iglesia del Mundo Moderno #16
 

WB01441_.gif (243 bytes) 2. ¿Qué es la conciencia?

"La conciencia es alguien, no algo en realidad, es el sitio donde el hombre es iluminado por una luz que no viene a el de su razonamiento creado y siempre falible, sino de la Sabiduría misma de la Palabra de quien creo todas las cosas"
(Nov. 1988, al Segundo Congreso Internacional sobre Teología Moral, L'Obsservatore Romano, Dic. 19-26, 1988)

WB01441_.gif (243 bytes) 3. ¿Qué significa formar la conciencia?

"Solamente una conciencia desarrollada cabalmente corresponde a la dignidad humana- una conciencia que
busca la verdad, e iluminada por ella, decide. Por lo tanto, la dignidad humana requiere, que una persona
oriente su conciencia de acuerdo con el orden de la ley establecida por el Creador. En asuntos de conciencia ella debe consultar la verdad revelada en Cristo, e incluir la enseñanza reveladora de la Iglesia."
(Sep. 88, a los obispos Austriacos en Salzburgo, L'Obsservatore Romano, Sept. 5, 1988)

WB01441_.gif (243 bytes) 4. ¿Tengo yo deber de formar mi conciencia?

"La formación de la conciencia propia es un deber fundamental. La razón es muy simple: Nuestra conciencia
puede errar. Y cuando el error prevalece sobre ella se convierte en la causa del daño mas grande para la persona humana..."
(Agosto. 1983, audiencia general, L'Obsservatore Romano, Agosto 22-29,1983)

WB01441_.gif (243 bytes) 5. ¿Cuál es la mejor manera de formar mi conciencia?

"Es a través de la Iglesia como la conciencia moral de una persona crece y madura; la Iglesia la ayuda a evitar el `ir y venir con cada viento doctrinal, por la astucia de los hombres'. La Iglesia en realidad es el `pilar y
defensa de la verdad' (1 Ti 3:15). La fidelidad al magisterio de la Iglesia por lo tanto, evita que la
conciencia moral se desvíe de la verdad sobre el bien del hombre."
(Agosto, 1983, audiencia general, L'Obsservatore Romano, Agosto. 22-29, 1983)

WB01441_.gif (243 bytes) 6. ¿Cómo afectará mi conciencia la indiferencia a la verdad?

"...el peregrinaje hacia una conciencia moral madura no puede ni siquiera comenzar, si el espíritu no esta libre
de una enfermedad mortal muy difundida hoy en día: la indiferencia a la verdad...
"Si un ser humano es indiferente a la verdad...ni siquiera pensara en el desarrollo de su conciencia y terminara tarde o temprano confundiendo la fidelidad a su conciencia con la adherencia a cualquier opinión personal
de la mayoría". 
(Agosto. 1983, audiencia general, L'Obsservatore Romano, Agosto 22-29,1983)

WB01441_.gif (243 bytes) 7. ¿No es acaso suficiente seguir mi propia conciencia?

"No es suficiente, por lo tanto, decirle al hombre: `Sigue siempre tu conciencia'. Es necesario añadir
inmediatamente y siempre: Pregúntate a ti mismo si tu  conciencia te esta diciendo la verdad o algo falso, y
busca incansablemente la verdad'. Si no hiciéramos esta clarificación necesaria, el hombre se arriesgaría a encontrar en su conciencia una fuerza que es destructora de su verdadera humanidad, en vez del lugar
santo donde Dios le revela a el su verdadero bien".
(Agosto. 1983, audiencia general, L'Obsservatore Romano, Agosto 22-29,1983)

FALSA CONCIENCIA:  El juicio de la mente cuando decide erróneamente que algo es legal cuando en realidad es ilegal, o vise versa.  El error puede estar en los falsos principios usados o porque la mente fue obscurecida o confundida en su razonamiento.


WB01441_.gif (243 bytes) 8. ¿Qué pasa si mi conciencia está en conflicto con la enseñanza moral de la Iglesia?  ¿No estoy acaso obligado a seguir mi propia conciencia?
 
"Puesto que Cristo el Señor creo el Magisterio de la Iglesia para iluminar la conciencia, apelar a esa conciencia precisamente para rebatir la verdad de lo que enseña el Magisterio, implica un rechazo del concepto Católico tanto del Magisterio como de la conciencia moral"
(Nov. 1988, al Segundo Congreso Internacional sobre Teología Moral, L'Obsservatore Romano, Dic. 19-26, 1988)

WB01441_.gif (243 bytes) 9.  ¿No puedo acaso saber lo que es correcto simplemente leyendo la Biblia?
 
"Pero la tarea de interpretar auténticamente la Palabra de Dios, ya sea escrita o transmitida de unos a otros, ha sido asignada exclusivamente al oficio de enseñanza viviente de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Cristo Jesús."
(Constitución Dogmática sobre Revelación Divina)

WB01441_.gif (243 bytes) 10. ¿No es posible acaso ver la enseñanza de la iglesia en el campo de normas morales como simplemente una opinión entre otras?
 
"No se puede ver la intervención de la Iglesia en esta campo como el equivalente de una opinión entre otras.... (porque) ella disfruta del carisma veritas certum (donde de la verdad certera)."
(Abril 1986, al Primer Congreso Internacional sobre Teología Moral, L'Obsservatore Romano, Abril 28, 1986)

WB01441_.gif (243 bytes) 11. ¿Puedo seguir a un teólogo que alega estar de acuerdo con la fe de la Iglesia aunque este en desacuerdo con el Magisterio de la Iglesia en lo que concierne a la moral?
 
"Apelar a una `fe de la Iglesia' para oponerse al Magisterio de la Iglesia sobre la moral, equivale a negar
el concepto Católico de Revelación." 
(Abril 1986, al Primer Congreso Internacional sobre Teología Moral, L'Obsservatore Romano, Abril 28, 1986)

WB01441_.gif (243 bytes) 12. ¿Cuáles son algunas de las señales de que mi conciencia no tiene buena formación?
 
"No se puede decir que los fieles se hayan embarcado en una búsqueda diligente de la verdad, si ellos no toman en cuenta lo que el Magisterio enseña, o si al ponerlo al mismo nivel que cualquier otra fuente de conocimiento, uno se convierte en juez, o si ante la duda, uno sigue su propia opinión o aquella de los teólogos, prefiriéndolas a la enseñanza segura del Magisterio". 
(Nov. 1988, al Segundo Congreso Internacional sobre Teología Moral, L'Obsservatore Romano, Dic. 19-26, 1988)

WB01441_.gif (243 bytes) 13. ¿Es que no puedo acaso considerar que actúo de buena fe si vivo algunas de las enseñanzas morales de la Iglesia y no otras?
 
"Se reporta a veces que un gran numero de Católicos hoy en día no se adhieren a la enseñanza de la Iglesia sobre ciertos tópicos, notoriamente aquellos que conciernen a la moralidad conyugal y sexual, el divorcio y el segundo matrimonio. Se dice que algunos no aceptan la posición clara de la Iglesia sobre le aborto. Se ha notado que hay una tendencia por parte de algunos Católicos, a ser selectivos en su adherencia a las enseñanzas morales de la Iglesia.  Algunos han dicho que estar en desacuerdo con el Magisterio de la Iglesia es totalmente compatible con ser un `buen Católico' y no presenta obstáculo alguno en cuanto a recibir los sacramentos. Este es un grave error que desafía el oficio de enseñanza de los obispos de los Estados Unidos y de los demás lugares."
(Sept. 1987, discurso ante los Obispos Estadounidenses en Los Ángeles, L'Obsservatore Romano, Sept. 28, 1987)

WB01441_.gif (243 bytes) 14. ¡Pero las exigencias morales de la Iglesia parecen a veces muy difíciles de vivir!
 
"Debemos también recordar constantemente que la enseñanza de la Iglesia de Cristo, como Cristo mismo, es una señal de contradicción.' Nunca ha sido fácil aceptar la enseñanza del Evangelio en su totalidad, y nunca lo será. 
La Iglesia esta comprometida, tanto en la fe como en la moralidad, a hacer su enseñanza tan clara y comprensible como sea posible, presentándola en todo su atractivo de  verdad divina. Y sin embargo el desafío del Evangelio permanece inherente en el mensaje cristiano transmitido a cada generación."
(Sept. 1987, discurso ante los Obispos Estadounidenses en Los Ángeles, L'Obsservatore Romano, Sept. 28, 1987)

WB01441_.gif (243 bytes) 15. ¿No es cierto acaso que lo que enseña la Iglesia sobre la moralidad limita la libertad humana? 
 
"La verdad no limita la libertad. Al contrario, la libertad esta unida a la verdad"
(Oct.,1988, ad limina a los Obispos Estadounidenses de la de la región de Nueva York. L'Obsservatore Romano, Oct., 24 1988).
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¿CÓMO EDUCAR LA CONCIENCIA?

Padre:  Quiero saber sobre la conciencia y como debe ser educada, también qué papel juega en ella la moral y los valores.  Soy profesor de religión y quiero saber esto por mis alumnos.


 

Responde el P. Miguel Ángel Fuentes

Estimado:

1. La conciencia moral es susceptible de un continuo progreso. Pero hemos de decir que la educación de la conciencia es la más difícil de las artes. No todos reciben de la naturaleza idéntica disposición para el recto juicio: porque mientras en algunos es más fácil, otros son más tardos en apreciar todos los aspectos éticos del acto y su relación con las diversas normas de la moral. A esto se añaden las enfermedades del espíritu, la ignorancia, los prejuicios, los hábitos y las pasiones, que pueden fácilmente plegar la mente para que juzgue el valor ético de una determinada acción en conformidad con sus propios intereses.

2. La rectitud del juicio de la conciencia (en lo que consiste una conciencia educada) implica un conocimiento exacto de la ley y la sabia aplicación de la misma a la acción concreta. A esto, por lo tanto, debe mirar la educación, mediante:
 

        a) el estudio amoroso de la verdad y de la ley, considerada no como carga, sino como camino trazado ya ante nosotros; debemos ilustrar, iluminar nuestra conciencia sobre el bien y sobre la verdad. Y esto se hace mediante la Fe, la Palabra de Dios y la enseñanza clara de la Iglesia. Dicho, de otro modo, debemos ser fieles a la verdad. Vale para todo cristiano, lo que el Papa mandaba a los Obispos de Francia: “Los Pastores deben formar las conciencias llamando bueno a lo que es bueno y malo a lo que es malo”. No puede estar seguro de que está obrando con una conciencia recta, con honestidad de conciencia, cuando ha puesto todos los medios para que ésta sea recta. Esto vale particularmente para los temas delicados de nuestra vida moral y espiritual, y especialmente aquellos aquellos sobre los que tenemos dudas. Aquí se ve, finalmente, el motivo por el cual no puede haber divergencia entre la Enseñanza de la Iglesia y la conciencia del cristiano. Porque el Magisterio no es una opinión más sino una de las fuentes donde debemos iluminar la conciencia. Un decreto sobre la función del teólogo ha dicho estas palabras que nos deben hacer pensar seriamente: “Oponer al magisterio de la Iglesia un magisterio supremo de la conciencia es ad­mitir el principio del libre examen, incom­patible con la economía de la Revelación y de su transmisión en la Iglesia, así como con una concepción correcta de la teología y de la función del teólogo”. El Papa ha dicho: “...el Magisterio de la Iglesia ha sido instituido por Cristo el Señor para iluminar la conciencia”. Y en la Veritatis Splendor dice: [VS, 64].
 

        b) el hábito de reflexionar antes de obrar;
 

        c) el ejercicio de las virtudes que nos dan un conocimiento experimental mucho más eficaz que el doctrinal; sólo la virtud puede garantizarnos que nuestra conciencia no quiera “justificar” nuestros comportamiento defectuosos o nuestros pecados.
 

        d) la impetración y uso de los dones sobrenaturales, de los cuales la prudencia cristiana, moderadora de la actividad sobrenatural, debe recibir continuo alimento.

 

3. Finalmente, dos son, sobre todo, las enfermedades que pueden afectar habitualmente a la conciencia en sus juicios: el laxismo y el escrúpulo. Éstos constituyen respectivamente la degeneración del error y de la duda. El hombre de conciencia laxa tiende a subestimar la inmoralidad de algunas acciones y la responsabilidad de sus actos. Hábito éste que no puede ser vencido sino mediante el hábito contrario, adquirido gradualmente por un diligente examen de las dudas que se presentan, un amor más sincero de la verdad y del deber, una docilidad más obsequiosa al confesor y una más severa valoración de las acciones propias. El escrúpulo, entendido no como fenómeno esporádico, sino como hábito morboso del espíritu, puede definirse: la obsesión de la duda en el campo moral. En efecto, presenta los caracteres de la idea obsesiva y es como ella lúcido, irresistible, angustioso, persistente, a pesar de que el mismo paciente lo reconoce irrazonable. El escrúpulo ha de ser curado con remedios oportunos.

 

Para mayor información puede consultar los siguientes artículos:

- P. Miguel Ángel Fuentes, "La conciencia y el Magisterio"
- P. Miguel Ángel Fuentes, "La conciencia en la Veritatis Splendor"

- Cardenal J. Ratzinger, "Elogio de la conciencia"

 
 

Para una nueva consulta: teologoresponde@ive.org


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LA CONCIENCIA MORAL

TOMADO DEL "CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA"

TERCERA PARTE: LA VIDA EN CRISTO

PRIMERA SECCIÓN: LA VOCACIÓN DEL HOMBRE: LA VIDA EN EL ESPÍRITU

CAPÍTULO PRIMERO: LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA

ARTÍCULO 6: LA CONCIENCIA MORAL

1776 “En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal... El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón... La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” (GS 16).

I El dictamen de la conciencia

1777 Presente en el corazón de la persona, la conciencia moral (cf Rm 2, 14-16) le ordena, en el momento oportuno, practicar el bien y evitar el mal. Juzga también las opciones concretas aprobando las que son buenas y denunciando las que son malas (cf Rm 1, 32). Atestigua la autoridad de la verdad con referencia al Bien supremo por el cual la persona humana se siente atraída y cuyos mandamientos acoge. El hombre prudente, cuando escucha la conciencia moral, puede oír a Dios que le habla.

1778 La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho. En todo lo que dice y hace, el hombre está obligado a seguir fielmente lo que sabe que es justo y recto. Mediante el dictamen de su conciencia el hombre percibe y reconoce las prescripciones de la ley divina:

La conciencia es una ley de nuestro espíritu, pero que va más allá de él, nos da órdenes, significa responsabilidad y deber, temor y esperanza... La conciencia es la mensajera del que, tanto en el mundo de la naturaleza como en el de la gracia, a través de un velo nos habla, nos instruye y nos gobierna. La conciencia es el primero de todos los vicarios de Cristo (Newman, carta al duque de Norfolk 5).

1779 Es preciso que cada uno preste mucha atención a sí mismo para oír y seguir la voz de su conciencia. Esta exigencia de interioridad es tanto más necesaria cuanto que la vida nos impulsa con frecuencia a prescindir de toda reflexión, examen o interiorización:

Retorna a tu conciencia, interrógala... retornad, hermanos, al interior, y en todo lo que hagáis mirad al Testigo, Dios (S. Agustín, ep. Jo. 8, 9).

1780 La dignidad de la persona humana implica y exige la rectitud de la conciencia moral. La conciencia moral comprende la percepción de los principios de la moralidad (‘sindéresis’), su aplicación a las circunstancias concretas mediante un discernimiento práctico de las razones y de los bienes, y en definitiva el juicio formado sobre los actos concretos que se van a realizar o se han realizado. La verdad sobre el bien moral, declarada en la ley de la razón, es reconocida práctica y concretamente por el dictamen prudente de la conciencia. Se llama prudente al hombre que elige conforme a este dictamen o juicio.

1781 La conciencia hace posible asumir la responsabilidad de los actos realizados. Si el hombre comete el mal, el justo juicio de la conciencia puede ser en él el testigo de la verdad universal del bien, al mismo tiempo que de la malicia de su elección concreta. El veredicto del dictamen de conciencia constituye una garantía de esperanza y de misericordia. Al hacer patente la falta cometida recuerda el perdón que se ha de pedir, el bien que se ha de practicar todavía y la virtud que se ha de cultivar sin cesar con la gracia de Dios:

Tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo (1 Jn 3, 19-20).

1782 “El hombre tiene el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales. ‘No debe ser obligado a actuar contra su conciencia. Ni se le debe impedir que actúe según su conciencia, sobre todo en materia religiosa’ (DH 3)

II La formación de la conciencia

1783 Hay que formar la conciencia, y esclarecer el juicio moral. Una conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del Creador. La educación de la conciencia es indispensable a seres humanos sometidos a influencias negativas y tentados por el pecado a preferir su propio juicio y a rechazar las enseñanzas autorizadas.

1784 La educación de la conciencia es una tarea de toda la vida. Desde los primeros años despierta al niño al conocimiento y la práctica de la ley interior reconocida por la conciencia moral. Una educación prudente enseña la virtud; preserva o sana del miedo, del egoísmo y del orgullo, de los insanos sentimientos de culpabilidad y de los movimientos de complacencia, nacidos de la debilidad y de las faltas humanas. La educación de la conciencia garantiza la libertad y engendra la paz del corazón.

1785 En la formación de la conciencia, la Palabra de Dios es la luz de nuestro caminar; es preciso que la asimilemos en la fe y la oración, y la pongamos en práctica. Es necesario también examinar nuestra conciencia en relación con la Cruz del Señor. Estamos asistidos por los dones del Espíritu Santo, ayudados por el testimonio o los consejos de otros y guiados por la enseñanza autorizada de la Iglesia (cf DH 14).

III Decidir en conciencia

1786 Ante la necesidad de decidir moralmente, la conciencia puede formular un juicio recto de acuerdo con la razón y con la ley divina, o al contrario un juicio erróneo que se aleja de ellas.

1787 El hombre se ve a veces enfrentado con situaciones que hacen el juicio moral menos seguro, y la decisión difícil. Pero debe buscar siempre lo que es justo y bueno y discernir la voluntad de Dios expresada en la ley divina.

1788 Para esto, el hombre se esfuerza por interpretar los datos de la experiencia y los signos de los tiempos gracias a la virtud de la prudencia, los consejos de las personas entendidas y la ayuda del Espíritu Santo y de sus dones.

1789 En todos los casos son aplicables algunas reglas:

— Nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien. 
— La ‘regla de oro’: ‘Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros’ (Mt 7,12; cf  Lc 6, 31; Tb 4, 15).
— La caridad debe actuar siempre con respeto hacia el prójimo y hacia su conciencia: ‘Pecando así contra vuestros hermanos, hiriendo su conciencia..., pecáis contra Cristo’ (1 Co 8,12). ‘Lo bueno es... no hacer cosa que sea para tu hermano ocasión de caída, tropiezo o debilidad’ (Rm 14, 21).

IV El juicio erróneo

1790 La persona humana debe obedecer siempre el juicio cierto de su conciencia. Si obrase deliberadamente contra este último, se condenaría a sí mismo. Pero sucede que la conciencia moral puede estar afectada por la ignorancia y puede formar juicios erróneos sobre actos proyectados o ya cometidos.

1791 Esta ignorancia puede con frecuencia ser imputada a la responsabilidad personal. Así sucede ‘cuando el hombre no se preocupa de buscar la verdad y el bien y, poco a poco, por el hábito del pecado, la conciencia se queda casi ciega’ (GS 16). En estos casos, la persona es culpable del mal que comete.

1792 El desconocimiento de Cristo y de su Evangelio, los malos ejemplos recibidos de otros, la servidumbre de las pasiones, la pretensión de una mal entendida autonomía de la conciencia, el rechazo de la autoridad de la Iglesia y de su enseñanza, la falta de conversión y de caridad pueden conducir a desviaciones del juicio en la conducta moral.

1793 Si por el contrario, la ignorancia es invencible, o el juicio erróneo sin responsabilidad del sujeto moral, el mal cometido por la persona no puede serle imputado. Pero no deja de ser un mal, una privación, un desorden. Por tanto, es preciso trabajar por corregir la conciencia moral de sus errores.

1794 La conciencia buena y pura es iluminada por la fe verdadera. Porque la caridad procede al mismo tiempo ‘de un corazón limpio, de una conciencia recta y de una fe sincera’ (1 Tm 1,5; 3, 9; 2 Tm 1, 3; 1 P 3, 21; Hch 24, 16).

Cuanto mayor es el predominio de la conciencia recta, tanto más las personas y los grupos se apartan del arbitrio ciego y se esfuerzan Lapor adaptarse a las normas objetivas de moralidad (GS 16). 

Resumen

1795 “La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” (GS 16).

1796 La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la calidad moral de un acto concreto.

1797 Para el hombre que ha cometido el mal, el veredicto de su conciencia constituye una garantía de conversión y de esperanza.

1798 Una conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del Creador. Cada cual debe poner los medios para formar su conciencia.

1799 Ante una decisión moral, la conciencia puede formar un juicio recto de acuerdo con la razón y la ley divina o, al contrario, un juicio erróneo que se aleja de ellas.

1800 El ser humano debe obedecer siempre el juicio cierto de su conciencia.

1801 La conciencia moral puede permanecer en la ignorancia o formar juicios erróneos. Estas ignorancias y estos errores no están siempre exentos de culpabilidad.

1802 La Palabra de Dios es una luz para nuestros pasos. Es preciso que la asimilemos en la fe y en la oración, y la pongamos en práctica. Así se forma la conciencia moral.


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